Con la llegada del mes de julio, la comunidad educativa se prepara para un momento muy esperado: el receso invernal, que este año dará comienzo el próximo 20 de julio.
Lejos de ser únicamente una pausa en el calendario escolar, este período representa una instancia fundamental para el bienestar integral de estudiantes, docentes y familias.
A lo largo del ciclo lectivo, la escuela es un espacio de intensa actividad: aprendizajes constantes, desafíos cotidianos y vínculos que se construyen y fortalecen día a día. En ese camino, el receso aparece como una necesidad genuina que permite detener el ritmo, recuperar energías y renovar el entusiasmo para la segunda etapa del año.
Para los alumnos, significa la posibilidad de descansar, compartir tiempo con sus familias, jugar, explorar otros intereses y regresar a las aulas con una mirada renovada.
Para los docentes, implica también un tiempo valioso de reflexión sobre las prácticas, de planificación y, sobre todo, de cuidado personal, tan necesario para sostener con compromiso y vocación la tarea educativa.
Asimismo, para las familias, este período favorece el encuentro, la cercanía y el acompañamiento desde otro lugar, fortaleciendo los lazos que sostienen el recorrido escolar de los niños y las niñas.
Entender el receso invernal como un derecho y una necesidad nos permite valorarlo en su verdadera dimensión: no como una interrupción, sino como una pausa que potencia.
Porque educar también implica reconocer los tiempos humanos, respetar los procesos y cuidar a quienes forman parte de la escuela.
Desde mi lugar, y con profundo amor por la docencia, celebro este momento como una oportunidad para seguir construyendo una educación más consciente, más humana y con más momentos y experiencias que continúen enriqueciendo nuestros días en las aulas.
Valeria Rojas
Docente de 1.º y 6.º año del Nivel Primario
Colegio Parroquial Nuestra Señora de Lourdes